Mitos sobre el uso del chupete

¿Qué hay de verdad?

¿Cuántas veces hemos escuchado esta afirmación? “Los niños no tienen que usar chupete porque se les deforman los dientes” ¿Esto es un Mito o una realidad?

Como en cualquier titular de periódico esta afirmación tiene su letra pequeña, el Dr Monlleo nos explica las verdades y mentiras de esta afirmación y nos ayuda a resolver una duda que no deja de preocupar a los padres por muchos años que pasen. ¿Debo o no debo darle chupete a mis hijos?

Lo que parece claro es que el uso del chupete tiene demostradas ventajas que no podemos dejar pasar:

• Reduce la muerte súbita del lactante.
• Tiene demostrados efectos analgésicos sobre los más pequeños, ayudándoles a calmar la ansiedad y el dolor.

Por lo tanto, a nivel general consideramos que el uso del chupete es recomendable, por lo menos a lo largo del primer año de vida.

Hace unos años evitar el uso del chupete se convirtió en una recomendación imprescindible de todos los pediatras. Entre otras, se puso de moda la idea de que era culpa del chupete que las sonrisas de los niños fueran un desastre; y si querías evitar que tu hijo tuviera que llevar ortodoncia lo primero que tenias que hacer era NO DEJARLE USAR CHUPETE. Esto ya esta demostrado que no es así.

 A nivel dental la principal preocupación se asocia con la malaoclusión dental o dientes mal alineados.

Entonces ¿Qué efectos negativos puede provocar el uso del chupete?

Cuando un niño succiona la tetina de un chupete los dientes centrales inferiores tienden a desviarse hacia dentro y los dientes centrales superiores tienden a separarse y a sobresalir hacia fuera; es lo que vulgarmente se llama dientes de conejo.

Con el paso del tiempo lo que ocurre es que ambas filas de dientes no cierran correctamente, esto se llama en odontología mordida abierta. En esta circunstancia los dientes posteriores se tocan, pero los dientes anteriores no.

Otro efecto común es la mordida cruzada, esto es, cuando las líneas superiores e inferiores de dientes dejan de ser paralelas. Es decir, cuando los dientes de la parte superior están metidos dentro de los dientes inferiores, o la sobremordida, que es cuando los dientes superiores se superponen a los inferiores más de lo normal.

En cualquier caso, queremos señalar que no es tan fácil que el uso del chupete provoque estas malformaciones. Para ello, seria necesario que el niño succione con una presión elevada el chupete de forma constante durante unas seis horas diarias. Además, estos posibles efectos no son permanentes, ya que las posibles consecuencias negativas producidas durante esos primeros 36 meses se revierten después, a causa del propio desarrollo, de manera natural.

Así aunque no hay una regla fija, ya que existen muchos condicionantes que pueden hacer que estos plazos sean más o menos flexibles, como el factor tiempo o el factor energía con la que el niño realiza la acción de succionar, podemos afirmar como norma general que “El chupete no produce malformaciones dentales si se deja de utilizar antes de los dos años, o en caso de prolongar, máximo hasta los tres años, permitiendo únicamente a los niños el uso del chupete puntualmente, como por ejemplo a la hora de irse a la cama, o que simplemente lo sostienen en la boca sin realizar la acción de succionar, por puro entretenimiento.

Queremos señalar también que en cualquier caso, es mejor el uso del chupete que la mala costumbre de chuparse el pulgar. Chupando el pulgar, a parte de favorecer la mordida abierta, la presión que ejerce el pequeño al succionar el propio dedo, repercute en una elevación excesiva de la bóveda del paladar, al tiempo que se va estrechando paulatinamente la arcada maxilar. Esta deformación, que los especialistas denominan paladar gótico dificulta no sólo las funciones de masticación y deglución de los alimentos, sino que, además, puede repercutir negativamente en el desarrollo del habla y la pronunciación del pequeño. estas alteraciones no revierten espontáneamente y suelen requerir la intervención del odontopediatra más pronto o más tarde.

A nivel dental a los odontólogos nos preocupa más la llamada caries del biberón que el uso del chupete. Los niños pequeños pueden tener caries provocadas por ejemplo, cuando se le ofrece el chupete con relativa frecuencia mojado con líquidos dulces, como miel o azúcar o sobretodo cuando se le permite irse a dormir con el biberón lleno de leche o alguna bebida azucarada, de manera que se duerma chupando la tetina del biberón.

Es importantísimo el cuidado de la boca de los más pequeños, ya que una boca sin caries en la infancia está muy relacionada con una boca sana de adulto. Por ello no hay que olvidar que los niños deben lavarse los dientes, al menos, dos veces al día, desde que tienen su primer diente; incluso antes de su aparición los padres deberíamos enjuagar sus encías con una gasa.

Los dientes de leche cumplen una función vital en la masticación y son los encargados de mantener el espacio para que los dientes definitivos salgan correctamente orientados en la cavidad oral.

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